LA RESILIENCIA ES UNA DISCIPLINA

LA RESILIENCIA ES UNA DISCIPLINA

Dr. Don Bosch, director de Servicios clínicos de Headington Institute | 17 de julio de 2012

La resiliencia requiere trabajo.

Tanto se ha dicho y escrito acerca de la resiliencia en la literatura científica y popular de hoy que definirla podría volverse confuso al punto del desacuerdo. ¿Hay componentes genéticos que tal vez den alguna ventaja a ciertas personas simplemente por derecho de nacimiento? (probablemente sí). ¿Hay experiencias de la infancia que puedan dificultar que seamos adultos resilientes? (probablemente sí). ¿Hay perfiles psicológicos y grupos de biomarcadores que se correlacionan con el grado de resiliencia que parece tener una persona? (probablemente sí). ¿Hay diferencias anatómicas en los principales circuitos de estrés del cerebro (amígdalas, hipocampo y corteza prefrontal) que pudieran afectar la resiliencia? (de nuevo, es probable que sí).

Todas las investigaciones que se están realizando actualmente en estas áreas, incluso aquí en Headington, son más que emocionantes. Con el tiempo sabremos mucho más y con mayor certeza cómo se relaciona todo esto. Pero no necesitamos esperar hasta llegar a un estándar de oro antes de poder abordar personalmente los asuntos de resiliencia. Ya existen suficientes pistas que indican que usted puede hacer algo para mejorar su resiliencia, sin importar las cartas que recibió en el juego de la vida. El énfasis está en el ‘hacer’. La resiliencia no es un deporte pasivo. Mientras más pasivo sea, más atrapado está en las circunstancias originales que la vida le da.

Mientras más activo y disciplinado sea al seguir las pistas y pautas disponibles, más podrá avanzar para ser más resiliente. No va a llegar a ello solo por leer este blog y pensar en el contenido.

Entonces, con base en los indicios que tenemos, ¿qué podemos hacer ahora? En este y en los siguientes blogs, le daré algunas sugerencias clave con base en la convergencia de varios campos de investigación.

Elemento de acción Núm. 1: Mejore la calidad de su apoyo y sus conexiones sociales. Bruce McEwen, uno de los más renombrados investigadores de neurociencias de nuestro tiempo, escribió sobre la importancia de lo que él llama ‘integración social’. Esto se define como “el esfuerzo y participación de una persona en interacciones sociales y relaciones, la construcción cognitiva de su comunidad y la identificación con diversos roles sociales”. (McEwen, 2011). ¿Qué dijo? En esencia, Bruce dice que las investigaciones en muchos campos diversos respaldan la noción de que tener conexiones sociales diversas y profundas nos ayudan a tener una vida más larga y saludable. Más importante aún, el esfuerzo intencional de mejorar nuestro apoyo y conexiones sociales es esencial. No importa qué estilo de apego o problemas de relaciones estemos arrastrando desde la niñez, podemos dar pasos proactivos desde donde estemos para mejorar nuestra resiliencia en esta área. Entonces, aunque esté desplegado en el lugar más aislado del mundo, haga el esfuerzo de conectarse con quienes están desplegados junto con usted, con el personal de la oficina local o con personas de otras ONG en el área. Aproveche la sorprendente conectividad que está penetrando en más y más áreas remotas para mantenerse en contacto con amigos y familiares en casa. Sí, Skype puede ser frustrante a veces, pero ¿qué esperaba de un servicio gratuito? Si está en un puesto sin compañía, piense en que, cuando vuelva a casa, deberá hacer un esfuerzo para adaptarse a su pareja y demás familiares. Ellos se adaptarán a usted más pronto si acepta esto y no hace muecas o se queja de su recepción. Acepte el hecho de que usted debe dar el primer paso para reconectarse con sus amigos cuando vuelva a casa. Por supuesto, no es justo, pero por ciertas razones psicológicas complejas, así es. Recuerde que, al parecer, obtenemos algunos ‘puntos extra’ de resiliencia por hacer el esfuerzo, así que anímese y sea quien dé el primer paso.

Elemento de acción Núm. 2: La importancia del ejercicio físico para promover la resiliencia. Cualquiera que haya ido a un curso de o taller de capacitación que yo haya impartido sabe del énfasis que pongo en esto. Si alguna vez tiene la mala suerte de quedar inscrito en alguno de ellos, asegúrese de llevar ropa cómoda y calzado deportivo porque hará bastantes lagartijas, saltos de tijera, sentadillas y similares.

¿Por qué es tan importante el ejercicio? Hay algunas respuestas obvias a esto que son la razón por la que la mayoría de los médicos de todo el mundo lo recomiendan. Tan solo los beneficios cardiovasculares son lo bastante convincentes para empezar a hacerlo ya. Además, el ejercicio puede ayudar a reducir su riesgo de diabetes y varios tipos de cáncer, le ayuda a combatir la depresión y la ansiedad, aumenta la densidad ósea, le ayuda a dormir mejor y de forma profunda y mejora su vida sexual. ¡Con una lista como ésta, lo que me pregunto es por qué no todos se ejercitan un par de horas al día!

Otro beneficio obvio de estar en buena condición física es que le permite protegerse mejor en caso de que llegara a encontrarse en una situación de campo peligrosa. Especialmente para aquellos de ustedes que están desplegados o viven en entornos de alto riesgo, tener la capacidad de moverse rápido es una clara ventaja. Si tuviera que correr por su vida, ¿podría hacerlo?

Pero no importa qué tan convincentes sean estas razones, no son ellas la causa de mi obsesión por lograr que hagan ejercicio. Más bien tiene que ver con la forma en la que funcionan los circuitos del estrés en el cerebro. A grandes rasgos, las investigaciones indican que, con el tiempo, la exposición a situaciones de gran estrés hace que sus amígdalas (que son la señal de alarma o el centro de pánico) se vuelvan más densas o grandes. La corteza prefrontal y el hipocampo se dañan y esencialmente se encogen por las mismas experiencias. Piense en el hipocampo como una especie de colchón que absorbe los impactos que van a las amígdalas. Cuando el pánico llega a las amígdalas y éstas envían la señal de pelear o huir, el hipocampo trata de evaluar el contexto y cuestionar si es necesaria una respuesta masiva. ¿Y qué ocurre si su hipocampo empieza a cojear y a no funcionar bien? ¡Exacto! Usted empieza a reaccionar a cada bache del camino con toda la carga de alarma, y eso no es bueno. Con el tiempo, lo más probable es que termine lidiando con depresión, estrés postraumático, ansiedad y otros problemas que merman la resiliencia.

¿Y qué tiene que ver el ejercicio físico con esto? Extrañamente, las investigaciones indican que el ejercicio promueve la neurogénesis en el hipocampo. En palabras simples, ayuda a su hipocampo a crecer, aunque esté en una etapa más bien avanzada de su vida, como yo. No sabemos por qué ocurre así, aunque algunos psicólogos evolutivos han especulado sobre esto. Lo que sí sabemos es que así ocurre. Usando mi analogía del camino con baches, si su vehículo tiene mejores amortiguadores, puede soportar un camino en peores condiciones sin que usted o su vehículo queden en estado lamentable. Dado que los trabajadores de ayuda humanitaria parecen tener cierta afición a los caminos más pesados, ya sea por las condiciones de vida, contratiempos organizacionales, amenazas a la seguridad, o lo que sea, ¡tiene sentido tener los mejores amortiguadores que el ejercicio físico pueda darles!

Espero que, tras la lectura de esta publicación, se sienta tan iluminado y convencido que se ponga a hacer ejercicio de inmediato. Solo no espere que su hipocampo se vuelva grande en cuando vuelva de su primera salida a correr. Se necesitan de seis a ocho semanas para que la neurogénesis empiece a ocurrir. Lo siento, no hay arreglos rápidos en esto. De ahí el título de este artículo: La resiliencia es una disciplina, ¡requiere trabajo!

© Headington Institute 2012